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Carta Pastoral

Fiesta Patronales 2020

“Madre, abraza nuestra fragilidad; que vuelva la fiesta y la alegría”

 

La debilidad como experiencia global

Este año estamos experimentando como nunca nuestra debilidad, nuestra fragilidad como seres humanos.

Parte del desconcierto que estamos viviendo es la toma de conciencia de lo frágil, lo débil que somos los humanos; es una experiencia generalizada: no son estos grupos humanos o aquellos, hoy la humanidad toda se siente expuesta a la intemperie por la amenaza de la enfermedad. Esta pandemia nos dice que nadie puede decir: “a mí no me puede tocar.”

Pasan los meses y no terminamos de saber qué es el Covid-19, cómo se comporta este virus, cómo se lo enfrenta. Seguimos hablando de posibles vacunas. Hay fuerte sensación de falta de horizonte en la respuesta a la crisis de salud que ha provocado esta pandemia. Experimentamos un tiempo donde faltan voces, faltan líderes. Nos sentimos heridos y agobiados.

 

Están son algunas pinceladas de la debilidad; cada uno le pondrá sus miradas, sus rostro.

En mi caso, en esta pandemia murió por Covid-19 un amigo en Córdoba, otro en San Fernando que eran de mi generación. Murió un amigo de toda la vida, al cual no pude despedir ni rezar junto a sus restos, solo pude participar por facebook en la misa exequial y con mala conexión.

En la comunidad de Aranzazu, murió gente cercana a la cual tuvimos que despedir apurados y casi sin compañía, otros ni siquiera se pudieron despedir. La capillita Nuestra Señora de Guadalupe, que es la capilla de nuestra casa sacerdotal, se está llenado de urnas con cenizas a la espera de poder hacer el rito del cinerario.

 

Nos acostumbramos a vivir con gente que se enferma cerca nuestra. Vivimos con la debilidad de tener el templo cerrado, de no haber podido celebrar, de modo presencial, con la comunidad ni siquiera la Pascua, fiesta por excelencia de los cristianos; debilidad de tener que repensar una y otra vez qué hacer como parroquia, cómo transmitir la fe, cómo celebrar sin estar reunidos en comunidad; hemos tenido que ir postergando una y otra actividad: comuniones, confirmaciones, bautismos, casamientos, misa de unción de los enfermos; es un desafío buscar formas creativas de acompañar la pastoral del Colegio Parroquial.

 

Jesús asume nuestra debilidad. Siendo rico se hizo pobre, siendo fuerte se hizo débil. Siendo grande se hizo pequeño. Esta presencia del Señor es clave para vivir este tiempo de pandemia. Desde la fe somos desafiados a iluminar nuestro presente con la fuerza de la Pascua del Señor; invitados a pensar cómo vivir un nuevo tiempo. ¿Vendrá un nuevo tiempo?

 

Madre abrázanos

En los momentos de crisis, todos buscamos a las madres. Al principio de la pandemia, varias personas me decían: “soñé con mi mamá.” Por el ministerio sacerdotal he constatado que muchas personas, en la etapa final de su vida, pida por su madre, que la llame, que sueñe con ella. La gente cuando está muy grave es habitual escuchar que piden por sus madres, que digan que sus madres los vienen a buscar; en los límites de la vida buscamos el cobijamiento materno. En las crisis todos buscamos las entrañas de misericordia. Buscamos lo materno de Dios.

La pandemia nos lleva a buscar a María, nuestra Madre. Hoy la buscamos como Madre de todos. Sabemos que estando cerca de Ella, nos acercamos a Jesús.

Su presencia nos serena, nos anima a seguir caminando.

En la vida de Jesús, en la vida de la Iglesia naciente, María es presencia.

Hoy nosotros le pedimos: “Madre te necesitamos -como nos dice el Papa Francisco en su oración por la pandemia- para que como en Caná de Galilea, vuelva la fiesta y la alegría, después de este tiempo de prueba.”

 

Un tiempo nuevo

Este tiempo de crisis no es un proyecto de nadie sino una situación que tenemos que atravesar tratando que nos queden las menores secuelas posibles.

Escucho decir: “hay que acostumbrarse”. No; no es así, no tengo que acostumbrarme, no tengo que naturalizar esta situación. Esto es una crisis que debemos atravesar, con las menores consecuencias posibles. No fue un proyecto de vida tener esta pandemia.

Sí, es una realidad que nos toca vivir. Es una realidad que debemos afrontar con la mayor creatividad, sumando esfuerzos para salir pronto de esta situación.

 

En nuestra historia aparecerá el 2020 como un tiempo no buscando, no querido por nadie. Tiempo que vivimos a la fuerza.

Se han cercenado muchas aspiraciones. Nos hemos entristecido por los acontecimientos vividos y a la vez nos hemos acompañado para sobrellevar la situación.

Me parece que es bueno tener un horizonte de vida. No dejarnos atrapar por la inmovilidad, el temor paralizante, la pérdida del deseo de vida plena y fecunda; hay que incorporar verbos: creatividad, animarse, probar, iniciar, soñar. Verbos que debemos conjugar con proyectos de vida.

 

Ahora viene el proyectar. Mirar para adelante. Animarse a soñar, a proyectar sin condicionamientos.

Que vuelva la fiesta y la alegría; presupone vivir, compartir, concretar proyectos personales, familiares. El tiempo de la alegría y la fiesta, es consecuencia de un proyecto de vida que se va desarrollando.

 

Como comunidad durante este 2020 hemos realizado muchas cosas; reales y verdaderas, pero nos faltó lo presencial. Tenemos un déficit de encuentro. De compartir mesa de amigos, de celebrar juntos la fe. Los chicos necesitan el patio de la escuela, necesitamos el club, estar en los parques, vernos las caras, hablar, reír y llorar juntos.

 

¿Cómo llegamos a esta etapa de nuestras vidas?

Ojalá que lleguemos con deseos de vida nueva; con los aprendizajes que nos dejó la pandemia, la cual seguimos transitando.

 

¿Qué cosas vinieron para quedarse?

Aquí cada uno tendrá que hacer su lista. Evaluar lo vivido, sacar sus conclusiones.

Mucha gente dice que recuperó vida familiar, espacios de compartir en familia, cocinar juntos. Muchos incorporaron la oración en familia.

Muchos nos damos cuenta que podemos vivir con menos.

Esto es un bien para nuestro mundo. En ecología se dice reducir, reciclar, reutilizar, tener una vida de menos consumo. “Menos es más.” Creo que con este tema hay mucho para hacer.

Nos damos cuenta la necesidad de espacio, de vida al aire libre. Necesitamos pensar nuevas formas de vivir juntos. Repensar la ciudad, los espacios comunes.

 

En la fe, hemos descubierto a la familia como Iglesia doméstica, rezando en casa, compartiendo en familia la misa dominical por las redes sociales.

Nuestra radio FM La Barca 88.3, viene transmitiendo todas las misas desde el inicio de cuarentena en marzo; nos damos cuenta que eso vino para quedarse. Hemos incorporado trasmisiones por redes sociales, voy constatando que, así como necesitamos volver al templo, no es excluyente este tipo de transmisiones. No es esto o aquello, sumemos.

 

No conozco a ninguna persona que me diga que no ha pensado en cambiar cosas de su vida, que no ha revalorizado o descubierto nuevos caminos a recorrer.

 

¿Cómo será el 2021?

¿Nuestro mundo será más fraterno? ¿Tendremos una mirada de proyectar un nuevo estilo de vida para el mundo? ¿Nos animaremos a pensar en el bien de todos?

Hay que pedir la gracia de sostener los buenos propósitos; sino el riesgo, es una sociedad, un ser humano que se repliega y prescinde de la comunidad. “Tenemos la tensión entre me salvo o nos salvamos juntos.”

Yo soy optimista. Trato de pensar que nos saldrá lo mejor del corazón. Creo que los que tenemos fe, tenemos que rezar para que se dé un proceso de cambio.

 

No pretendo que nosotros hagamos un proyecto de nuevo mundo o nuevo país. Pero si creo que es bueno que cada uno nos animemos a pensar propuestas creativas para un nuevo tiempo. De hecho, hay realidades que se imponen sí o sí, sea en las familias, en los trabajos, en la Iglesia. Con proyectos o porque la realidad se impone. Vemos cambios.

 

El desafío es que este proceso no sea un momento más de la vida, sino un proyecto a largo plazo. ¡Vengan nuevos tiempos y todos seamos protagonistas de esta nueva vida!

Amigos, vivamos la Fiesta de Aranzazu. Dejemos que nos abrace María. Confiemos al corazón materno de Virgen nuestras vivencias, búsquedas y deseos.

 

 

“Todo terminará bien.”

Con mi cercanía y oración

Pbro. Jorge Luis Lagazio

Párroco

Constitución 960, San Fernando, Teléfonos: 4575-3096 / 3097

Para recibir esta información solicitelo a: comunicacionaranzazu@gmail.com

 

Diseño: federico@suarezdelsolar.com

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